Traductores
| Por qué un espacio interreligioso |
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CeiMigra nace de la colaboración entre la iniciativa social y la iniciativa pública. Concretamente, nace de la colaboración entre una orden religiosa católica - la Compañía de Jesús - y la Generalitat Valenciana. La Compañía de Jesús despliega su presencia en las fronteras sociales y culturales como misión arraigada en una experiencia religiosa de sus miembros. Y sabe que esta experiencia religiosa cuaja en sociedades marcadas por la pluralidad: étnica, cultural, ideológica, religiosa. Por ello, la misma formulación de su experiencia fundante y su modo de estar en el mundo están marcados por el diálogo: con creyentes de otras religiones y con no creyentes. La Generalitat Valenciana se marca entre sus metas la promoción de la participación ciudadana. Y reconoce que uno de los ejes de la promoción ciudadana es el diálogo interreligioso: puesto que unos entre tantos otros actores ciudadanos son las entidades religiosas. CeiMigra tuvo en cuenta a entidades sociales católicas y a entidades de otras tradiciones religiosas en su programación de jornadas y seminarios. Igualmente acogió la expresión religiosa católica de algunas asociaciones de inmigrantes, y la expresión en actos interconfesionales. Pero la orientación del espacio interreligioso viene muy determinado por las conclusiones a las que llega en su línea investigadora: Las investigaciones completadas (2006 y 2007) dan cuenta de una necesidad social en materia religiosa que atañendo a toda la población, muestra peculiaridades en los inmigrantes, y que se refiere especialmente a las entidades religiosas. Dicha necesidad social podría resumirse en las siguientes constataciones:
Sobre el acontecimiento religioso: Lo religioso aparece como un acontecimiento con gran importancia en el proceso migratorio de los sujetos: muestra una dimensión existencial difícilmente reducible a factor funcional. No pueden desconocerse dimensiones íntimas de la religión, en el campo de la oración, de la formación de la conciencia moral, del crecimiento personal... La religión se declina como comunicación personal con el Misterio, sí, pero también como sostén en situaciones críticas, guía moral, generador cultural, capital simbólico. La religión se revela como una fuente generadora de redes sociales con peso para configurar los modos de inserción e integración social, cultural y cívica. Es importante discernir el modo de operar y la orientación de dichas redes, puesto que su valor es ambiguo: factores de empoderamiento o de disminución del sujeto, motores de integración o de segregación social y cultural. Sobre las instituciones sociales y de servicio público: Las instituciones de servicio público (social, sanitario, educativo...) muestran actitudes y comportamientos confusos respecto de la dimensión religiosa. Aunque oscilan entre el respeto a la religión como dimensión positiva de la vida y el rechazo a la misma, tienden a sacarla del ámbito de intervención social, o de tolerarla como recurso pragmático para situaciones críticas del sujeto. Solo en algunos casos se ensayan fórmulas novedosas para tenerla en cuenta. Se percibe un escaso aprecio de la diversidad religiosa, debido al peso simultáneo y en tensión entre la tradición confesional católica y la ideología laicista.
Sobre las entidades religiosas no católicas: La casi totalidad de entidades religiosas acusa la incidencia de los flujos migratorios: unas en su mismo proceso de constitución, otras en su revitalización, casi siempre en la confrontación a la diversidad étnica, cultural y nacional. Ello las convierte en laboratorios privilegiados de integración social y de elaboración intercultural. La implicación de las entidades religiosas en servicios sociales es muy diversa. Cabe decir que bastantes gestionan la solidaridad para con los propios correligionarios, a veces prestando servicios sociales muy estructurados. Algunas menos desarrollan proyectos sociales dirigidos a la población en situación de pobreza y exclusión en general. La implicación de las entidades religiosas en actividades culturales más allá de las recreativas y formativas para los propios correligionarios es muy desigual, y más bien escasa. Solo unas pocas procuran tener una irradiación cultural para la sociedad en general. La interlocución entre entidades religiosas minoritarias y otras entidades y redes sociales (administraciones públicas, servicios sociales, centros educativos, sanitarios, hospitalarios, penitenciarios...) es escasa y estimada deficiente. Las entidades interconfesionales se revelan como verdaderas escuelas de ciudadanía intercultural e interrelgiosa: sin embargo, no concitan la participación sino de una minoría de entidades religiosas no católicas. |









